16 julio, 2018, Lun

Lunes de Luto: Concentración contra la Violencia Machista

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LEBRIJA ESTÁ DE LUTO POR OTRA MUJER ASESINADA.

En Lebrija, hoy, estamos de luto. Esta vez le ha tocado a una mujer de mi pueblo. Han asesinado a otra mujer, a una de las hijas de Juana Vargas.
La pobre Juana —y toda su familia— tendrá que estar partiita por la mitad del dolor. ¡¿Cómo se podrá consolar a una madre que le matan a una hija y a manos de su propio marío (exmarido y con orden de alejamiento, en este caso)?! Y a los hijos de su hija, ¡¿cómo se les consuela?! ¡¡Por Dios!!, ¿qué va a pasar con esos dos niños que se acaban de quedar sin madre? ¡¿Cómo van a vivir el resto de sus vidas sabiendo que ha sido su propio padre quien la ha matao?! ¡¡Dios santo, cómo se vive con ese horror!!
¿Qué pasa por la cabeza de un tío que se cree con el derecho de matar a su mujer o a su expareja? ¡¡¿Qué pasa por la mente de una persona que se cree con el derecho de disponer de la vida de otra persona?!!
Juana Vargas es una mujer extraordinaria. Siempre que la vi, iba sonriendo, hablando con todo el mundo. Junto con María Peña y María Jesús Ruiz, formaban el trío «Las Corraleras» de Lebrija, uno de los grupos con más arte que ha dado mi tierra. Cuando me la encontraba por el pueblo, la Juana siempre me saludaba. Conocía a mi madre y le tenía mucho afecto. Ella siempre me preguntaba cómo me iban las cosas. Nos reíamos un ratito y cuando nos despedíamos, siempre acaba con «A ve cuándo me metes en una película tuya».
Mi querida Juana, hoy, desgraciadamente, eres la protagonista de la peor película que una madre quisiera protagonizar: llorar la muerte de un hijo.
Te juro, Juana, que lo primero que se me vino a la cabeza es lo que he oído decir tantas veces a las mujeres de nuestra Lebrija: «Por qué no te has matao tú primero, so cabrón». Sí, eso pensé cuando oí esta mañana el titular en la radio: «Mujer asesinada en Lebrija». Llamé inmediatamente a mi familia para enterarme qué había pasado. A qué mujer habían matao y a qué familia habían destrozado para siempre. Una de mis hermanas me lo contó: «Es una hija de Juana Vargas». Mi hermana, como todas las mañanas cuando lleva a su hijo al instituto, pasa frente a la calle donde vivía tu hija, y allí estaba, en la puerta de su casa, tu hija muerta. Ya la habían tapado con una sábana. Mi hermana, aún descompuesta, me volvió a decir: «Tenía que haber sido muy reciente porque parecía que aún sangraba, la pobrecita».
¡Ay, Juana, cómo poder consolarte! ¡Cómo consolar a todos los hijos, padres y hermanos de las mujeres asesinadas en este país! ¡Cómo mitigar la angustia y el sufrimiento de todas las mujeres que están sufriendo malos tratos hoy mismo, quizás, ahora mismo! Solo se me ocurre decir, y sé que eso no consuela: «Si eres una mujer maltratada, ¡denuncia ya, no tengas miedo, peor no vas a estar!». «Si ya has denunciado, ¡resiste, lucha por ti y apóyate en la gente que te quiere! Y si eres un hombre —y digo hombre por decir algo— que te crees con el derecho de disponer de la vida de tu mujer o de tu exmujer… a ti qué se te puede decir… Supongo que nada, porque todo lo que se te diga te va envalentonar más… Que el corazón se te gangrene para que nunca más sientas amor, que los ojos se te sequen para que nunca más veas la sonrisa de los hijos que has dejado sin madre y que la piel se te haga escamas para que nunca más puedas sentir el abrazo de una mujer enamorada.
Todos queremos que esta maldita plaga de asesinatos de mujeres acabe de una vez, sin embargo no terminamos de encontrar la solución. Mientras tanto, vamos a seguir insistiendo en que los hombres debemos ser los primeros en luchar contra los malos tratos a mujeres. Está claro que todos los hombres no somos corresponsables de los que maltratan o asesinan pero, como hombres y ciudadanos, sí somos responsables de defender y proteger a cualquier mujer que sufra vejaciones o malos tratos. Aunque solo sea por humanidad y por conciencia, debemos hacerlo. Cada vez que se maltrata a una mujer es como si lo estuvieran haciendo a las mujeres de nuestra familia. Es lo que deberíamos sentir.
Mi querida Juana Vargas, mis más sentido pésame y un abrazo inmenso que pueda mitigar, aunque solo sea una mijita, tu dolor.

 

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